La situación en Choluteca, Honduras, muy cerca de la frontera con Nicaragua, es muy difícil para los cerca de 500 migrantes que se encuentran bloqueados con motivo de las restricciones de movimiento impuestas por la pandemia del COVID-19. Muchos de ellos, procedentes de Cuba, Haití y distintos países de África (Gana, Kenia, etc.), viajan en familia durante meses, atravesando diferentes países en su camino hacia los Estados Unidos. Una de sus principales preocupaciones es mantener su anonimato y permanecer “invisibles” en el radar de las instituciones, agencias o gobiernos, para evitar ser detenidos y deportados durante su ruta migratoria hacia el norte.

Cada etapa de la ruta supone nuevos retos según los países por los que transitan. Las familias van creciendo con el nacimiento de nuevos miembros que, algunas veces, no pueden acompañar a sus padres en su camino hacia el norte, debido a la legislación en cuanto a nacimientos y nacionalidad de los países donde nacen los niños.

Desde que comenzó la pandemia del COVID-19, estos migrantes se han encontrado con nuevos riesgos que añadir a su ruta. Según Alexei Castro, Secretario General de Cruz Roja Hondureña: “Se enfrentan a quedarse varados en las fronteras de distintos países, como les ocurre en Choluteca, con pocas infraestructuras de atención médica. También corren peligro de ser víctimas de trata de personas, asaltos, violaciones, y pagos a ‘coyotes’ para que los guíen en sus rutas”.

Para Alexei Castro, otro reto fundamental de los migrantes es el de conservar sus recursos económicos para poder completar su ruta migratoria: “Para ellos es de vital importancia mantener el presupuesto destinado a este proyecto migratorio, por lo que no se pueden permitir largas estancias en ningún punto de la ruta, porque podrían quedarse sin recursos para seguir su camino hacia el norte”.

Cruz Roja Hondureña realiza tareas de apoyo en Choluteca para tratar de aliviar las necesidades básicas de las personas migrantes que esperan poder seguir su ruta, cuando se levanten las restricciones de movimiento impuestas por la pandemia del COVID-19. Se ha detectado la necesidad de montar albergues que puedan cobijar a estos migrantes que muchas veces tienen que alojarse en casas particulares de familias hondureñas, o en hoteles de la zona. También se realizan otras tareas de apoyo en cuanto a salud para prevenir el coronavirus y el dengue, distribución de alimentos, kits de higiene, agua potable, insumos de bioseguridad, restablecimiento de contactos familiares, acceso a internet, apoyo psicosocial, etc.

El idioma es otro problema añadido porque muchos de los migrantes apenas hablan español o inglés, lo que hace difícil el trabajo de los equipos de Cruz Roja para abordar, por ejemplo, el apoyo psicosocial. Según Dunia Varela, responsable de los proyectos de salud en Cruz Roja Hondureña: “La dificultad del idioma, las mascarillas y los EPI (equipos de protección individual ante el riesgo de COVID) hacen más difícil empatizar con los migrantes porque no pueden ver nuestras caras o expresiones, aunque en la mayoría de los casos es muy gratificante cuando conseguimos que se abran con nosotros y compartan lo que les preocupa y aflige”.

Cruz Roja vive con especial preocupación la situación de las personas migrantes y las que retornan de forma voluntaria a sus países de origen en el contexto de la pandemia del COVID-19, y dedica un gran esfuerzo a paliar su sufrimiento y atender sus necesidades básicas en los países de tránsito y fronteras.