Sandra no podía conciliar el sueño. Era la noche del 31 de mayo, el agua caía por toneladas del cielo y el viento parecía quebrar la estructura de las paredes de su casa. La Tormenta Amanda se impuso en la comunidad La Anona de San Luis La Herradura en el departamento de La Paz. Esa misma noche el caudal del Rio Comapa reventó y cubrió con agua y lodo los poblados aledaños. Entre las casas afectadas estuvo la de Sandra y su familia. “Esa misma noche tuvimos que salir en búsqueda de refugio”, comenta. “El agua se metió a la casa e inundó todo”.

Al día siguiente ella, al igual que miles de familias en todo el país, se ubicó en una escuela cercana que fue utilizada como albergue temporal. Al momento existen 152 albergues abiertos por el Gobierno Nacional con cerca de 5.400 albergados.

Sandra ya salió de este centro de resguardo y ha regresado a su tierra. Su casa y condiciones de vida están afectadas y se enfrenta a una situación sanitaria compleja. Dichas condiciones la hacen vulnerable en medio de un escenario marcado por el brote del COVID-19. “De por si estábamos muy complicados con la pandemia. Muchos vecinos que viven de la venta ambulante no podían salir a vender”, comenta mientras espera su turno para recibir kits de alimentos entregados por la Cruz Roja Salvadoreña en su comunidad. “Con la tormenta esto se ha empeorado. Las tierras agrícolas ya no han podido ser trabajadas y todo lo que teníamos ahí se perdió. Se perdieron sembríos, se perdieron animales y no tenemos ingresos”.

Desde el inicio de las inundaciones la Cruz Roja inició con labores de rescate y entrega de ayuda humanitaria. Al momento la Sociedad Nacional trabaja directamente con 30 albergues del país y 5 centros de resguardo en donde ha entregado kits de higiene y de aseo, así como colchones y frazadas. También está trabajando en comunidades que se encuentran fuertemente afectadas. En estas actividades han participado más de mil voluntarios que se han movilizado a 10 departamentos del país desde la sede central y diferentes filiales de la Sociedad Nacional. Sin embargo, el cierre de carreteras por deslaves ha complicado la movilización del personal de la Cruz Roja al interior de El Salvador.

Al momento las lluvias han disminuido en el país, pero lo más fuerte está por venirse. Existen miles de familias que han perdido sus hogares y otras que están regresando a sus casas expuestas a riesgos por deslaves y con condiciones complicadas de salubridad. “Muchas personas de la comunidad están con gripe y fiebre, y están teniendo que irse a los centros de salud para hacerse la prueba (de la COVID-19).”, señala Sandra”. “Los mosquitos están por todos lados y tenemos miedo de que nos de dengue”, añade. Con el bajar de las aguas el riesgo de brotes de enfermedades empieza a incrementarse y surge la necesidad de brindar soporte alimenticio, apoyo psicosocial, provisión de agua y saneamiento, entre otras necesidades surgidas en las personas afectadas. La Cruz Roja Salvadoreña está formulando un proyecto para poder brindar apoyo en algunas de estas áreas. “Con este proyecto se pretende trabajar con tres comunidades del departamento de La Libertad apoyando en algunas de estas áreas de acción”, indica Valle.

La intensidad de los efectos generados por la tormenta ha cobrado treinta vidas. Sin embargo, este fue el primer golpe dado por la emergencia. El trabajo de recuperación implica un gran esfuerzo para apoyar a estas poblaciones que se han visto afectadas por los efectos generados por la pandemia de la COVID-19 y las inundaciones.

“Esta es la primera vez que tenemos que enfrentarnos a una emergencia de estas características, pero ahí estaremos”, afirma Valle.