“La medicina ha sido mi pasión desde que estaba en el colegio” comenta Damarys Solano vía telefónica, mientras se alista para salir. Hoy irá a prestar atención médica a un albergue en la ciudad de Tumbes, donde varios migrantes se encuentran cumpliendo con el aislamiento obligatorio que se ha dispuesto en Perú debido a la emergencia por COVID-19.

Damarys nació en Tumbes, una ciudad al norte del Perú, que comparte frontera con Ecuador, y desde temprana edad se dio cuenta de que había muchas personas que tenían limitaciones para acceder a los servicios de salud, y quería hacer algo por ayudarlos, es así que decidió estudiar medicina. Cursó sus estudios universitarios en Cuba, y estando en la universidad formó parte de la Brigada Estudiantil de Salud, para ayudar a las personas que no tenían un acceso fácil al sistema de salud. Y esa pasión la sigue acompañando el día de hoy.

La Dra. Solano trabaja en Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) desde setiembre del 2018, en el Puesto de Atención de la Cruz Roja en el Centro Binacional de Atención en Frontera – CEBAF, en la frontera con Ecuador, colocado en respuesta al incremento en el número de migrantes que ingresaban al país.

“La necesidad de los migrantes cada vez era mayor, tenía que pensar a diario en que métodos usar para no solo aliviar con medicamentos sus dolencias, sino también emocionalmente, porque a veces con solo escucharlos se quitaban sus dolencias. Para ellos, viajar como caminantes era muy fuerte, pero han sido valientes”, comenta la Dra. Solano, para quien prestar ayuda a quien lo necesite, sin importar nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político, es uno de los principios de su trabajo, principio que comparte con IFRC y que fue una de las cosas por la que decidió trabajar aquí.

Ella recuerda de manera agridulce las diferentes personas que ha visto pasar por el CEBAF, como pacientes adultos mayores que habían realizado su recorrido a pie con la esperanza de encontrarse con su familia en el Perú, o a madres que viajaban solas y que habían tenido a sus bebés poco antes, en alguno de los países de tránsito. “El principio de humanidad de la IFRC es algo que uno vive y aplica en el día a día de su trabajo, con sus pacientes, eso marca una gran diferencia.”, agrega Damarys.

El contexto migratorio fue cambiando con el tiempo, si bien seguían pasando migrantes por el CEBAF, cada vez se incrementaba el número de personas que se quedaban en la ciudad. El puesto de atención en el CEBAF no era suficiente para poder atender las necesidades de salud de la población vulnerable, y es así como se empezaron a implementar las Jornadas de Salud Comunitarias. Damarys recuerda con gran satisfacción la gran participación que se tuvo por parte de la población, tanto migrante como local, en estas jornadas, que llevaron atención médica a más de 650 pacientes.

Hoy, en el contexto del COVID-19, muchos de los migrantes que se encontraban a la espera de una respuesta en el CEBAF han sido trasladados a albergues. Eso no significa que Damarys descanse; ella, junto con el resto del equipo del Puesto de Atención, continúan trabajando, visitando los albergues, brindando atención en salud y tratamiento, asegurándose de que estén bien, y vigilando y monitoreando su situación.

“Siento que toda esta experiencia ha reforzado mi sentimiento por la medicina, ya que a veces crees que te sientas en un escritorio a brindar recetas a quienes manifiesten dolencias y no es así; es aliviar con el arte de curar a quienes necesitan de nosotros. A valorar la vida, darles esperanza de que no todo está perdido.”, concluye Damarys.