En el patio de un centro de salud de un barrio de Managua, Nicaragua, una madre y una hija comparten una sonrisa cómplice. Sus miradas transmiten alegría y seguridad. Acaban de compartirnos una historia de supervivencia y empoderamiento. Tras haber vivido una muy dura experiencia personal con el dengue, ambas son voluntarias comunitarias en una operación de control vectorial de la Cruz Roja Nicaragüense.

En 2019, la región de Centro América sufrió la mas extensa epidemia de dengue de la década. Más de un millón de personas se han visto afectadas por el brote, con los números más altos de casos reportados en Honduras y Nicaragua. La Cruz Roja está trabajando en estos dos países, así como también en Costa Rica, El Salvador y Guatemala para empoderar a las comunidades locales para hacer frente tanto al brote actual como a posibles futuros brotes.

Con el apoyo de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Rojas (FICR), las Sociedades Nacionales trabajan junto a comunidades en las zonas más afectadas para equiparlos con la información y materiales necesarios para controlar y mitigar los efectos del actual brote, y prevenir brotes futuros. Este enfoque comunitario se conoce como Vigilancia Epidemiológica Basada en la Comunidad (VEBC), y ha sido empleado en la región anteriormente con resultados positivos en otras crisis epidémicas, como la de zika en 2016. Esta estrategia permite que sean los propios miembros de la comunidad quienes identifiquen los riesgos presentes en su entorno y lleven a cabo acciones para eliminarlos o mitigarlos, empoderándoles para que se conviertan en agentes activos de cambio.

El primer paso de la VEBC es identificar a líderes sociales que, trabajando en conjunto con las Sociedades Nacionales, organizan a grupos comunitarios. Una vez formados estos grupos, la Cruz Roja los capacita sobre el brote epidémico para que puedan identificar señales de alarma y conozcan las vías de referencia a atención sanitaria disponibles si se identifica un posible caso de dengue, así como las medidas de higiene y saneamiento que hay que adoptar para prevenir y mitigar brotes. Con base en esta información, las comunidades crean mapas de riesgo y planes para implementar medidas preventivas y de mitigación. El último paso de la VEBC es la puesta en práctica de estos planes a través de campañas de identificación y eliminación de criaderos, visitas domiciliarias en las que replican la información aprendida sobre prevención del dengue, y actividades de divulgación en escuelas.

Una enfermedad que te cambia la vida

Karen Rodríguez, quien participa de las actividades organizadas por la Cruz Roja Nicaragüense, compartió su experiencia con el dengue. Su hija, Jade Gámez, había sufrido dengue tres veces, a los 11, 12 y 13 años. La última de esas veces, Jade había sido diagnosticada con dengue severo. Esta última vez, la enfermedad fue grave y la menor sufrió daños en los riñones y el hígado, así como un pre-infarto.

Los niños y niñas menores de 15 años son un grupo especialmente vulnerable. En datos de agosto de 2019, el 66% de los fallecimientos reportados en Honduras como parte del actual brote correspondía a menores de 15 años y en Guatemala, el 52% de los casos de dengue severo reportados también correspondía a este grupo de edad.

Tras haber sobrevivido a una enfermedad tan dura, ahora madre e hija son voluntarias de la Cruz Roja Nicaragüense. Como parte de la actual operación, su labor consiste en replicar la información recibida entre sus vecinos, así como llevar a cabo campañas de limpieza para eliminar criaderos en su comunidad. “Las dos hacemos lo mismo, cuando una no puede ir a las actividades de limpieza, acude la otra”, dice Karen. Para ellas, esta es una oportunidad de ayudar a sus vecinos para que eviten pasar una experiencia como la que pasaron ellas hace años. “Ahora que estoy apoyando a la Cruz Roja y que puedo ayudar a la gente, me siento tranquila, me siento feliz”, dice Karen. “Más que todo para que la gente no viva la experiencia que yo viví”, añade Jade.

Los brotes de dengue son cíclicos y se repiten cada año durante la estación de las lluvias, presentando epidemias extensas con una frecuencia de entre cuatro y cinco años. En 2019, la Organización Mundial de la Salud reconoció el dengue como una de las diez mayores amenazas a la salud global, con un estimado 40% de la población mundial actualmente en riesgo. Las epidemias pueden tener un efecto devastador sobre los grupos más vulnerables. Por eso, es importante el trabajo de las Sociedades Nacionales en materia de sensibilización, así como su fortalecimiento de capacidades que permitan continuar empoderando a las comunidades en la preparación y respuesta al dengue y otras enfermedades transmitidas por vectores como el zika y chikungunya