Desde que se despierta hasta el momento de acostarse, Jane Pacheco concentra toda su energía y recursos para estimular y cuidar a su niña, la pequeña Milagro, de dos años y medio. Sus hermanas, otros miembros de la familia, vecinos y personal de la Cruz Roja la apoyan día a día, dado que criar a un bebé nunca es una tarea fácil, aún menos si está afectado por el síndrome congénito del Zika.

“Tengo mucha suerte porque he recibido mucho apoyo de mi familia”

Tengo mucha suerte porque he recibido mucho apoyo de mi familia. Mis hermanas me han ayudado demasiado, los vecinos y mi papá también. Me ayudan a cogerla, me la cuidan cuando yo me achicopalo y me acompañan. Cuando yo no puedo asistir a la terapia por algún motivo, ellos la llevan. Mi papa me colabora con la plata del transporte para ir a terapia mientras que mis hermanas me colaboran con la comida u otros productos, para que a la niña no le falte nada”, explica Jane, sentada con sus dos hermanas y una vecina en su casa en el barrio Bolivariana de Santa Marta, Colombia.

A Dana Milagro le gusta comer pollo, verdura, purés y arroz, que desde hace unos meses puede finalmente deglutir. Disfruta brincar, que le hagan cosquillas y sobre todo ama la piscina. Determinada a que su hija reciba todo el cuidado que esté a su alcance, Jane ha logrado inscribirla a un programa de hidroterapia para estimular sus capacidades motoras. Dana disfruta mucho la piscina y gracias a los ejercicios en el agua ha progresado mucho.

Para estimular a Milagro, Jane cuenta también con el apoyo de su familia. Grey, su hermana menor, detalla: “Cuando viene de la fundación, mi hermana nos enseña los ejercicios de estimulación y los repetimos. Nos dice cómo moverla, de hablarle mirándola en la cara para que nos identifique. Ahora que está caminando la ponemos mucho parada para que fortalezca sus piernas.

Cuando mis hijos estaban chiquitos, ella les brindaba mucho amor. Imposible ahora que la dejemos sola. Si ella necesita de mí, en cualquier cosa, yo le voy a ayudar, siempre le digo que aquí estoy. Nos dijeron que Mila no iba a caminar. Pero nosotros hemos luchado y hemos visto mucha evolución. Ella ahora está caminando” añade Magola, su otra hermana.

“Nunca, antes de que llegara la Cruz Roja, me habían preguntado cómo me sentía”

Mientras observa a su hija dando algunos pasos con determinación, Jane, emocionada, relata un momento muy importante tanto para ella como para la familia entera: “El 31 de diciembre ella se paró sola y empezó a caminar. Estaba con el papá en el piso, se levantó y vino donde estaba yo. Nosotros nos quedamos sin palabras, porque nos habían dicho que no iba a poder caminar. Fue una emoción inmensa, y yo empecé a llorar.

Al ver caminar a su hija, Jane llamó a familiares y vecinos, y también contactó a una referente de la Cruz Roja que la ha estado acompañando desde hace varios meses. “Ahora que puede caminar, me siento muy feliz. Y me siento bien porque me felicitan a mí, porque lo estoy haciendo bien. Estoy más motivada”, añade, hablando de sus sentimientos.

La carga emocional para las familias de niños que sufren de complicaciones debido al síndrome congénito del Zika es significativa, sobre todos para las madres, que, desde el nacimiento, o desde el embarazo ya experimentan inquietud, ansiedad y temores por tener un hijo o hija “diferente” y no siempre cuentan con sistemas de apoyo adecuados. Para cuidar a Milagro, Jane puede contar con sus hermanas y otras personas de la comunidad, sin embargo, la Cruz Roja Colombiana enfoca su atención tanto en el bienestar de la niña como en el de la mamá.

He sentido más que todo que la Cruz Roja me ha estado dando apoyo a mí. Porque como yo no hablo con nadie, nadie se interesa de cómo me siento. Nunca, antes de que llegara la Cruz Roja, me habían preguntado cómo me sentía. Y esto es muy importante. El otro día me sentí mal, me levanté asustada y me sentí mejor haciendo los ejercicios de respiración que me han enseñado. Me apoyan tanto cómo mi familia”, explica Jane, agradecida.

 

En la foto: Dana Milagro con su tía Magola