Siempre pensé morir en Venezuela”, comenta Lidia, que con 76 años decidió embarcar su travesía hacia Perú. Cuenta que en su país dejó su casa, sus animales y su vida “Tengo osteoporosis y necesito mis medicamentos, allá no puedo conseguirlos”. Por ese motivo y para no angustiar más al mayor de sus dos hijos, Lidia optó por migrar y reencontrarse con sus familiares en la ciudad de Trujillo, en el norte del Perú.

Ella es viuda y dice gozar de salud salvo un eventual dolor de huesos que no le permite poder caminar por largas horas; sin embargo, cuenta que no comprende cómo ha sacado fuerza para poder realizar este viaje que ya va durando cinco días. “Algunas veces pienso que es mi esposo, el también migró desde Italia y toda la vida me contó historias de su aventura ¡Cómo me gustaría poder contarle todo lo que me está pasando a mí!” declara Lidia quien viaja con su última nieta de 18 años, Cecilia. Ella cuenta que su abuela se cansa mucho, pero que es muy valiente, una guerrera. Además afirma que la “nona”, como la llaman sus nietos, debe mantener un tratamiento para controlar la osteoporosis y que su mayor deseo es cumplirlo, pero que todavía no cuentan con los recursos suficientes para comprar sus vitaminas y calcio.

Hoy estoy más tranquila, aproveché en llevarla a hacerse su chequeo médico, tenía miedo que me dijeran que no estaba bien pero la doctora me ha dicho que está mejor que yo” comenta entre risas Cecilia. En el puesto de salud de la Cruz Roja ellas pudieron hidratarse después de un largo viaje de 8 horas desde Ecuador, y además recibieron un kit de higiene.

Me han dicho que puedo llamar a mi hijo desde la Cruz Roja”, dice Lidia mientras desenrolla un papel donde tiene guardado el número de teléfono peruano del menor de sus descendientes. “Mi hijito va a saltar de alegría cuando sepa que estoy bien y que falta muy poco para poder estar junto a él”, cuenta Lidia muy emocionada.

La “nona” ha decidido que no se dejará vencer, “He estado muy deprimida pero no me puedo dar el lujo de no hacer nada, este viaje para mí también es una prueba de lo que soy capaz de hacer por mi familia y lo más importante es que voy a dejar en alto el nombre de las mujeres venezolanas, nosotras ni con 76 años nos rendimos”.