por Francesco Rocca – Presidente de la FICR

Se suele decir que el tiempo vuela. Fue exactamente mi primera impresión cuando me percaté de la fecha: 6 de noviembre de 2018. Hace un año, fui elegido presidente en la Asamblea General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional).

Nunca olvidaré ese momento. La alegría, los abrazos, las felicitaciones, la inmediata sensación de responsabilidad, el largo camino recorrido y el inicio de un nuevo sendero, así como los rostros de muchos colegas y amigos de todo el mundo que me honraron con su apoyo.

Me siento invariablemente afortunado cuando visito las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, pues cuento con la inmensa oportunidad de escuchar relatos inspiradores y conocer a mujeres y hombres que encarnan nuestros principios y plasman en la práctica la visión de nuestro fundador, Henry Dunant.

Hace un año, la presencia de todos ellos me acompañó en el estrado, en Turquía. No trascurre un día sin que sienta la responsabilidad de ser el portavoz de los voluntarios y de quienes carecen de voz. En cada contexto, en cada conferencia y en cada evento, hago cuanto está en mi poder para representarlos y para aportar conmigo su experiencia, su perspectiva y su esperanza.

Por esta razón, el discurso que pronuncié antes de la elección giró en torno a la noción de “nosotros”. Un enfoque del cual soy firme adepto.

La fuerza de “nosotros” me permite sentar la posición de la Federación Internacional y abogar en favor de las personas más vulnerables. Representamos la capacidad de desplegar ese esfuerzo adicional necesario en la asistencia humanitaria, somos los agentes locales “por excelencia”, abordamos una variedad de cuestiones complejas y, unidos somos más fuertes.

Muchos son los logros en el camino recorrido en un año, a distintos niveles, desde el plano local hasta el plano mundial. Los voluntarios de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja han prestado asistencia a las personas necesitadas en contextos muy difíciles, han respondido con rapidez ante desastres naturales de gran envergadura y han sabido simbolizar la esperanza, la protección y la humanidad para todas las personas necesitadas.

En lo que atañe al buen gobierno, he intentado mostrarme digno del ejemplo de nuestros voluntarios. Junto con los dirigentes de las Sociedades Nacionales que integran la Junta de Gobierno, examinamos con empeño diversos temas de importancia tales como, integridad, transparencia, rendición de cuentas e inclusión. Nos esforzamos también por favorecer la proximidad entre la Junta de Gobierno y los miembros. Me enorgullece la estrecha colaboración que, de manera inclusiva, mantenemos con los miembros de la Junta de Gobierno con el fin de velar por que los grupos regionales y subregionales de Sociedades Nacionales se sientan representados. Junto con mis colegas, nos complacerá informar de la labor realizada hasta la fecha en el siguiente periodo de sesiones de la Asamblea General de la Federación Internacional.

Realicé visitas sobre el terreno tanto cuanto me fue posible, con el fin de difundir el sentido de solidaridad de la organización y destacar las necesidades humanitarias. Representé a la organización con la mayor altura posible y abordé temas fundamentales tales como la migración, las crisis persistentes, la importancia de los agentes locales, la salud, la función de los jóvenes, las políticas sobre equilibrio en materia de género y las consecuencias humanitarias del cambio climático.

Poco después de mi elección el año pasado, un periodista me preguntó por qué había decidido asumir esta función en una época tan difícil. Un año después, solo puedo decir que, aunque la situación empeora, permanezco fiel a mi naturaleza positiva y convencido de que tenemos mucho por hacer en favor de las personas vulnerables y con respecto a temas complejos. Uno de ellos, por ejemplo, reside en las consecuencias humanitarias del cambio climático y de las medidas que cabe adoptar a fin de estar mejor preparados ante nuevos acontecimientos climáticos extremos.

¿Cómo podemos adaptar nuestras operaciones? ¿Cómo podemos prepararnos y preparar a las comunidades para reaccionar mejor, reducir riesgos y salvar vidas?

Recuerdo constantemente la idea visionaria de Henry Dunant: para contar con Sociedades Nacionales sólidas se requiere de comunidades locales fuertes y capaces de reaccionar ante cualquier emergencia.

Mi voluntad para redoblar esfuerzos en nuestra labor se vio fortalecida hace unos días ante la imagen de la llegada de nuestros voluntarios sirios al campamento de Rukban, en la frontera con Jordania, para prestar asistencia a las personas más vulnerables. Los hombres y mujeres de nuestras organizaciones que ayudan a la caravana de migrantes originada en Centroamérica, que apoyan a las comunidades locales afectadas por el terremoto y el tsunami en Indonesia, o que arriesgan sus vidas en Yemen y Palestina, son fuente de inspiración. Son, asimismo, fuente de inspiración los voluntarios que realizan una labor vital en la República Democrática de Congo para luchar contra el virus del ébola. Son, asimismo, motivo de inspiración, las actividades que llevan a cabo los voluntarios de nuestras organizaciones en las islas del Pacífico, en medio de contextos sumamente complejos. Son fuente de inspiración los voluntarios de nuestras organizaciones que están presentes para acoger a los migrantes en Italia, abanderados por el sentido de humanidad, allende toda consideración de índole política. Son fuente de inspiración los jóvenes, interesados en el debate sobre el cambio, presentes en nuestras actividades cotidianas alrededor del mundo, y capaces de aportar nuevas ideas y enfoques.

Me siento inspirado al recordar la explicación aportada en un curso universitario por un colega experto en comunicación sobre la sigla, en inglés, de nuestra organización: IFRC, quiere decir “Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja”, pero también representa la independencia (Independent), la rapidez (Fast), la pertinencia (Relevant), y la coordinación (Coordinated).

Independencia, porque somos neutrales y no estamos motivados por gobiernos, ni asociados externos.

Rapidez, porque hemos de reaccionar con celeridad para prestar servicios a nuestros miembros, recorrer ese tramo adicional del camino por conducto de nuestros voluntarios, aliviar el sufrimiento y salvar vidas.

Pertinencia, porque debemos demostrar nuestro valor añadido, atender a las necesidades de las Sociedades Nacionales y preservar nuestra razón de ser a nivel mundial con el fin de conceder voz a quienes carecen de ella.

Coordinación, porque debemos evitar la duplicación de esfuerzos, ser eficientes en las actividades sobre el terreno, y velar por que todas y cada una de las donaciones beneficien de manera directa a las personas a quienes prestamos servicios.

No es tarea fácil, pero tengo la certeza de que, juntos, lograremos alcanzar nuestros objetivos. El mundo necesita un Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja más fuerte y hemos de perseverar con empeño en esa dirección.