“La señora lloraba desconsoladamente mientras me devolvía el teléfono”, me comenta una voluntaria de la Cruz Roja Peruana que se encuentra en el puesto de Restablecimiento de Contactos Familiares (RCF) que se encuentra en el Centro Binacional de Atención en Frontera (CEBAF) en Tumbes, frontera norte del Perú con Ecuador.

“Ha sido uno de los peores días para mí”, comenta la voluntaria, “la señora lloraba sin parar y al principio no entendíamos nada. No podíamos consolarla”. “Le dimos agua y le ofrecimos una galleta de las que habíamos traído de merienda para nosotros. Al final se tranquilizó y nos contó lo que pasaba. En el camino desde Venezuela hasta Tumbes, la asaltaron y le quitaron todo lo que traía. Afortunadamente, ya tenía comprado el pasaje hasta aquí y eso no se lo quitaron. Algunas personas que venían en el bus le regalaron la ropa que cargaba puesta y tenía en su cartera sólo 5 dólares”.

“Cuando vio que nuestras llamadas al Perú eran gratis se sintió aliviada porque podría contactar a la persona que la estaba esperando en Perú y ésta le ayudaría con lo necesario para llegar a Lima. Hizo la llamada, pero cuando por fin pudo comunicarse con esta persona, la respuesta fue negativa. La persona le dijo que no podía ayudarla y ni siquiera le dio una dirección en Lima donde ella pudiese llegar. Muy doloroso, entendí su desesperación por completo, ojalá yo pudiera hacer más”, me comenta esta voluntaria de la filial de Tumbes de la Cruz Roja Peruana, que ha estado trabajando en este módulo de RCF por turnos desde que comenzó a crecer el volumen de migrantes que pasan por esta frontera.

La Cruz Roja Peruana, con el apoyo de la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) desde hace meses viene trabajando en el CEBAF en la atención de personas migrantes, proveyendo agua segura, atención primaria de salud y RCF. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) por el CEBAF en Tumbes han pasado desde enero a mayo del 2018 más de 185.637 personas migrantes.

“Aquí tú puedes escuchar las historias más sorprendentes, todas ellas muy tristes. Mucha gente lo ha dejado todo incluso a sus hijos allá en su tierra. Debe ser muy difícil dejar a sus hijos, yo creo que no podría, pero claro uno no sabe cuál era la situación de desesperación”, me comenta. “A mí me gusta hacer RCF, siento que a través de la llamada que le damos a la gente, le estamos dando una luz, una esperanza”, dice sonriendo mientras atiende a otra persona que quiere hacer una llamada.