Por Kenneice McLeod-Shillingford, Cruz Roja de Dominica

Pointe Michel, un pueblo que se encuentra en la parroquia de San Lucas en Dominica, es recordada como la zona de una gran tragedia. Es aquí donde una familia de 9 fue arrastrada por las inundaciones causadas por las fuertes lluvias de la masiva tormenta de categoría 5, llamada Huracán María.

La noche en que la tormenta tocó tierra, para muchos, fue una escena sacada de sus pesadillas: era una noche de terror, deslizamientos de tierra, el agudo ruido del viento e inundaciones repentinas.

Ahora, ya han pasado casi 10 meses del desastre y para muchos, se siente como si fuera ayer. Muchos todavía están luchando por reconstruir sus vidas y están agradecidos por la ayuda que han estado recibiendo.

Desde noviembre de 2017, la Cruz Roja de Dominica (CRD) y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) distribuyen donaciones en efectivo de $US 450.00 (1.200.00 XCD) a los más vulnerables.

Utilizando la última tecnología y los datos recogidos por los voluntarios de la CRD, el consejo y el comité de desastres del pueblo, cada beneficiario se clasifica cuidadosamente y se selecciona de manera imparcial. En total 164 personas han recibido ayuda en efectivo en la comunidad de Pointe Michel.

Es en una Distribución de Transferencia de Efectivo que conocemos a Joel Charles, un maestro de clases después de la escuela, de 39 años de edad, que actualmente está tratando de terminar sus estudios en el Colegio del Estado de Dominica.

Debido a su discapacidad, Joel fue elegido como receptor del Programa de Transferencia de Efectivo, y aunque nunca ha sido oficialmente diagnosticado por un médico, Joel cree que nació con una anomalía en las extremidades, phocomelia. A pesar de esto, se enorgullece al comentarnos que nunca permitió que esto evitara que participara en sus dos pasiones, el cricket y la enseñanza de las matemáticas.

«Me encantan las matemáticas y me gusta enseñarlas. Durante los últimos 3 años, he estado dando clases en la tarde en el centro de recursos comunitarios, pero desde el Huracán, el centro comunitario -donde estaba la clínica- está dañado y las enfermeras tuvieron que mudarse al centro de recursos, lo que me obligó a mudar las clases para una tienda de campaña».

Con una gran sonrisa, Joel continuó, «Realmente no me importa, todos tenemos que hacer lo que tenemos que hacer hasta que todo vuelva a la normalidad, solo espero que puedan reparar el centro a tiempo».

Cuando se le preguntamos que planea hacer con el dinero que le había otorgado la Cruz Roja, dijo: «Bueno, voy a utilizar el dinero para pagar una parte de mi cuota escolar y los gastos de transporte ida y vuelta a la escuela, y compraré algo de comida para el almuerzo, siempre que peuda. Me mantendrá en marcha».

Mientras hablaba nos guió por el pueblo, «Solía vivir en el Green Valley», dice Joel señalando un camino que conduce a donde estaba su casa, «mi casa es la blanca, justo en el medio de la quebrada».

El la quebrada fue una vez tan pequeña, que los residentes de Green Valley la llamaban un arroyo. Muchos habían reportado que durante las primeras etapas del huracán, la quebrada había permanecido «seca», aparentemente sin representar una amenaza para todos los que vivían cerca.

«Era pequeña, simplemente no entiendo lo que pasó, era solo una pequeña corriente. Fácil de cruzar. Cuántos huracanes y tormentas habían pasado y nada había sucedido. Ni siquiera el huracán David hizo eso. El huracán María lo hizo, una pequeña corriente se convirtió en una quebrada muy grande».

Él, como muchos otros, tuvo que escapar de las aguas que repentinamente estaban sobre ellos.

Habiendo construido su casa por su cuenta hace 5 años y viviendo toda su vida en el pueblo, Joel, había tenido dificultades para abandonar su casa y su aldea, pero entendió el riesgo y escapó a la casa de su tía.

Ahora espera que, dado que el gobierno de Dominica ha catalogado su zona como una «zona de peligro», lo ayudarán a reubicarse. Su hogar ahora se se encuentra sobre un pedazo de tierra erosionado.

«Tengo todos los materiales para construir una casa, solo necesito un pedazo de tierra, y realmente no quiero establecerme sin permiso en ninguna parte».Y a pesar de que está esperando ayuda, sabe que debe esperar pacientemente la ayuda del gobierno, porque hay mucho por hacer.

«Es un gran trabajo y estoy muy orgulloso de lo que la Cruz Roja está haciendo por nosotros. Nos están ayudando «.