La temporada de huracanes comenzó para el Pacífico el pasado 15 de mayo y para el Atlántico se espera que comience el primero de junio. Sin embargo, la primera tormenta del Atlántico fue identificada el viernes 25 de mayo con el nombre de Alberto.

América Latina y el Caribe constituyen una de las regiones del mundo más propensas a desastres debido a tormentas tropicales y huracanes que devastan con regularidad a comunidades costeras y frecuentemente producen deslizamientos de tierras e inundaciones.

Los pronósticos iniciales para la temporada de huracanes 2018 en el Océano Pacífico predicen una temporada activa, entre 14 y 20 tormentas con nombre, de las cuales de 7 a 12 podrían convertirse en huracanes, de 3 a 7 huracanes de categoría mayor. En 2017, se formaron 18 tormentas, 9 huracanes y 4 huracanes mayores en el Pacífico.

En el Atlántico, los pronósticos iniciales predicen entre 10 y 16 tormentas con nombre, de las cuales de 5 a 9 se podrían convertir en huracanes y de 1 a 4 huracanes de categoría mayor. Estas cifras son sólo un poco superiores que el promedio de los últimos 30 años con 12 tormentas con nombre, 6 huracanes y 2 huracanes mayores. En 2017, ser formaron en el Atlántico: 17 tormentas, 10 huracanes y 6 huracanes mayores.

Lo que nos dejó el 2017

En agosto, septiembre y octubre los huracanes Harvey, Irma, María y Nate causaron una gran devastación en más de 10 países y territorios en el Caribe, los estados costeros de los Estados Unidos y América Central se vieron también directamente afectados.

La temporada de huracanes del 2017 ha sido una de las más devastadoras de los últimos años. Con dos huracanes categoría 5, Irma y María, que se sucedieron en una semana, esta temporada dejó tras de sí, según datos de la Emergency Events Database (EM-DAT), un aproximado de 400 personas fallecidas, más de 100 mil personas que quedaron sin hogar.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “los huracanes que azotaron el Caribe en 2017 dejaron pocas comunidades indemnes. Las aproximadamente 4,4 millones de personas que viven en zonas costeras de baja elevación, territorios de costa ubicados a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, pagaron un precio particularmente elevado. Dichas ciudades costeras del Caribe se enfrentan a una peligrosa confluencia de fuertes lluvias, erosión y manglares dañados, hechos que, ante situaciones extremas, aumentan su situación de vulnerabilidad. El resultado histórico se salda con más de 36 millones de personas afectadas por las tormentas e inundaciones en el Caribe desde 1900, según la Emergency Events Database (EM-DAT)”.

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) continúa implementando sus llamamientos de emergencia y recuperación que fueron lanzados para dar soporte a más de 65 mil personas en el Caribe y Centro América.

Volver a empezar

Arthur Walter, de 45 años y padre de 2 niños, muestra a los visitantes las reparaciones que está realizando en su barco de pesca. Arthur es uno de los 31 pescadores en Barbuda que han recibido asistencia monetaria de la Cruz Roja para reparar sus barcos. Esto le permitió reparar su pequeña embarcación para poder regresar al mar y obtener un ingreso. «He estado pescando toda mi vida y perder mis barcos ha sido muy difícil», dijo Arthur, que tiene experiencia en la captura de la mayoría de los tipos de peces, incluidos pargos, peces pelágicos como el atún y el dorado, así como el caracol y la langosta. Arthur fue uno de los pescadores mejor equipados de la isla hasta que el huracán Irma destruyó todo lo que poseía.

Reconstruyendo más que una casa

«Todo el techo de mi casa fue arrancado por completo», comenta Robert Timothy de 66 años, que es un carpintero jubilado en Tarish Pit, en la parroquia Saint George. Es uno de los más de 15.000 personas que han recibido toldos, bidones, kits de higiene y otros artículos de socorro de la Cruz Roja de Dominica (CRD) desde el comienzo de la operación de respuesta al huracán respaldada por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR).

«Soy demasiado viejo para conseguir un trabajo en la construcción, pero espero que al menos pueda reconstruir mi propia casa», dijo Robert, mirando las grandes pilas de materiales de techo rescatados que había recogido en las ruinas de su casa. La gran población de adultos mayores de la isla ha sido especialmente afectada por el desastre, ya que la mayoría de ellos no gana un ingreso y no puede permitirse el lujo de reconstruir sus hogares.