Según las estadísticas, el niño costero afectó a 1.7 millón de personas en 24 departamentos, golpeando brutalmente las áreas costales del Norte y del centro del país. Debido a las fuertes lluvias, temporales y granizadas las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Lima e Ica todavía están enfrentando los retos de la emergencia. Según el Instituto Nacional de defensa Civil (INDECI), 159 personas fallecieron y 18 siguen desaparecidas. Se cuentan hasta ahora 402.815 viviendas colapsadas, inhabitables o altamente dañadas. Al día de hoy 19.212 personas continúan viviendo en carpas o albergues; 3.222 colegios y 998 centros de salud fueron destruido.

Desde el inicio de la crisis la Cruz Roja Peruana ha prestado con éxito asistencia humanitaria a las poblaciones afectadas, a través de distribuciones de artículos no alimentarios, soporte para el acceso al agua, saneamiento y prácticas de higiene saludables. Mucha importancia tuvo también las actividades de apoyo psicosocial. Los 400 voluntarios de la Cruz Roja Peruana que participaron en la emergencia fueron esenciales para una efectiva respuesta. A esto se sumaron todos los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja (la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja – FICR-, el Comité Internacional de la Cruz Roja – CICR -, y varias Sociedades Nacionales de otros países) que brindaron su apoyo a la Cruz Roja Peruana.

Con las lluvias intensas que empezaron en enero de este año el agua del río inundó casas, cultivos y se llevó todos los bienes de hogares, incluso los animales que para la mayoría de las familias son indispensables para el mantenimiento de las familias. La comunidad de Malingas es tan aislada y remota que al empezar la emergencia de las inundaciones todas las familias fueron evacuadas inmediatamente. La Policía del distrito Tambogrande declaró que la vía de acceso a las localidades de San Martín de Malingas se encontraba interrumpida y por eso trasladaron a las personas en un albergue temporal, en una zona alta elegida por Defensa Civil. Al regresar mucha gente se quedó sin trabajo, dado que el distrito depende principalmente del sector de agricultura y la mayoría de las cosechas fueron gravemente afectadas por la lluvia.

La señora Beatriz y su familia han recibido ayuda por parte de la Cruz Roja Peruana, que está construyendo módulos de viviendas temporales con la participación de la misma población. El terreno donde se están construyendo las viviendas fue una concesión del gobierno local, ya que se ha prohibido reconstrucción en zonas de alto riesgo, como donde solía vivir la señora Beatriz.

Cuando llegamos nos recibe calurosamente y nos muestra las condiciones de su hogar donde regresó después de la emergencia. Ella, su esposo y sus tres hijos fueron evacuados en helicóptero durante la emergencia, juntos a muchas otras familias de Tambogrande, donde el desborde del río Piura impedía cualquier forma de acceso por tierra a las casas y senderos. Al regresar no encontraron nada de sus posesiones: las paredes estaban quebradas y rajadas por todos los lados, y el piso estuvo inundado y mojado por semanas. Su casa está dañada permanentemente. Los medios de vida de la familia estaban basados sobre todo en animales que murieron arrastrados por la inundación, y los cultivos que su esposo trabajaba fueron destruidos por los interminables flujos de agua. Ahora tienen un pequeño huerto donde cultivan productos básicos para la comida diaria y con eso intentan alimentar su toda la familia.