Por Caroline Haga, FICR / Fotos por Nina Svahn, Finnish Red Cross

Tres semanas atrás, durante la tarde del 18 de septiembre, el huracán María llegó a la isla de Dominica y destruyó todo a su paso. Creciendo inesperadamente de huracán categoría 1 a categoría 5 en sólo 18 horas, María es considerada como la tormenta más devastadora que ha golpeado la isla.

Antes del huracán, Dominica era conocida por su naturaleza con prístinos bosques tropicales, una flora y fauna exótica, hermosas cascadas y ríos que cubren la mayor parte de la isla. Pero fuertes vientos de hasta 155 mph arrancaron árboles de la tierra; ramas, hojas y escombros volaban en todas direcciones. Ha tomado semanas limpiar las carreteras bloqueadas a lo largo de la isla.

“Lloro mucho todos los días” comenta Joseph Guiste de 77 años, quien ha vivido toda su vida en el mismo vecindario ubicado en el centro de Roseau, capital de Dominica. “Esta es la segunda vez que he visto una tormenta como esta, pero esta vez ha sido mucho peor”. El desborde de un río causó que las puertas y ventanas de la casa de Guiste se derribaran y la casa se cubriera de barro hasta la altura de la cintura. A pesar de trabajar fuertemente en remover el barro con ayuda de su hijo, la sala se mantiene repleta de barro.

“Fue difícil y devastador, no pudimos dormir por días” comenta Joan Barnes (48). Joan, su hijo Israel (28) y su hija Lady (20) debieron correr en busca de refugio junto a su nieto de 9 meses, Jerry. “Sobrevivimos por poco. Los colchones se mojaron porque la azotea se fue volando, toda nuestra ropa se mojó. No tenemos comida, agua, ni luz. No sabemos cuándo vendrá el agua, no sabemos cuándo tendremos luz, es un poco devastador”

La fuerza del huracán María afectó el 98 por ciento de los techos en Dominica. Muchos se fueron volando por completo, dejando el interior de las casas empapadas y destruyendo todo por dentro. Como el país es propenso a frecuentes lluvias tropicales, se necesitan con urgencia los materiales para reparar los techos. La Cruz Roja de Dominica apoyada por la FICR, ha logrado distribuir más de 3,000 lonas impermeables para ayudar a cubrir temporalmente los techos y proteger las pertenencias de las personas afectadas.

“Escuchamos un fuerte estallido en la casa y luego el techo simplemente se fue” comenta Rosa John Baptiste, de 49 años. “Cada vez que mi madre observa la lluvia se asusta y comienza a llorar”. Después de enterarse sobre la distribución de lonas de la Cruz Roja, Rosa y su hija Vijayie Caprice, de 11 años, decidieron tratar de conseguir una para calmar a su madre, porque “nada vence al fracaso como intentarlo”.

Pamela Baron, una enfermera profesional, tuvo que escalar una ventana con una escalera para alcanzar a su madre de 82 años, Isadora Bellot. Isadora resistió el huracán en la sólida casa de 200 años de antigüedad – casa de infancia de Pamela – ya que se negó a acompañar a su hija y bisnietos de 7 y 9 años al otro lado del pueblo. «Los chicos, que estaban de visita, no tenían miedo, cantamos juntos y luego nos dormimos. Lo primero que hice a la mañana siguiente fue correr a ver si mi mamá estaba bien. La planta baja de mi clínica de enfermería estaba cubierta de barro, pero espero poder empezar a limpiarla mañana”

Todos los pueblos y las villas en Dominica requerirán de extensa reconstrucción, desde casas individuales y carreteras, hasta líneas de energía eléctrica y cañerías de agua. Tres semanas después de la tormenta la isla entera se mantiene sin electricidad y sin agua.

Sin embargo, la mayoría de las personas están felices de estar con vida y se mantienen optimistas de que eventualmente podrán restaurar sus casas y su nación, incluso a un mejor estado. Desde el día después del huracán, las personas han estado trabajando arduamente limpiando las calles, reparando las casas y logrando levantar nuevamente sus negocios.

“Cuando regresé a casa después del huracán María, todo lo que vi fue un lugar en completo desastre. La televisión, los electrodomésticos, todas las cosas se dañaron y tuvimos que botarlas. No tengo resentimiento alguno sobre eso. No se trata de nosotros, quienes sufrimos pequeños daños, se trata de aquellas personas quienes perdieron la vida. ¿Qué significa perder una televisión cuando piensas en eso?” Pregunta el pescador George Grell, de 49 años, quien está orgulloso de que su pueblo haya logrado salvar sus barcos y que ya hayan podido salir a pescar.

«Reconstruyamos, intentemos volver a vivir. Tenemos vida y fuerza. Tenemos que unirnos, vamos a traer de vuelta nuestro país».

En el centro de Roseau, Moses Lewis vacía una carretilla llena de barro al lado de la carretera por enésima vez. Está ocupado limpiando su pequeña panadería, que estaba cubierta de barro. «Mucha gente me pregunta si tengo pan para ellos. Espero poder poner en marcha la panadería en pocos días».

«Ha sido duro desde el huracán. Nuestra casa estaba inundada y las ventanas estaban rotas», dice Curvelle Lawrence.»Solo tenemos un poco de agua y los alimentos que almacenamos antes de la tormenta, que estoy pellizcando porque no podemos permitirnos el lujo de quedarnos sin ellos. Pero estamos bien de salud: mis tres hijos, mi nieta Adira de tres años y mi novio Bevenski».

«Creo que superaremos esto eventualmente, con trabajo duro podremos recuperarnos y salir aún más fuertes. Cualquier ayuda que podamos obtener significa el mundo para nosotros en este momento»

Desde el huracán María, Dominica ha quedado sin agua potable, alimentos y materiales para la reconstrucción. El personal y los voluntarios de la Cruz Roja de Dominica han estado trabajando arduamente para garantizar que las personas reciban la ayuda de emergencia que necesitan con el apoyo de la FICR y generosos donantes. Las Sociedades de la Cruz Roja de las islas vecinas, como Granada, San Vicente, Santa Lucía, Barbados y Saint Kitts, han enviado artículos de socorro muy necesarios, como es habitual entre las islas.

La Cruz Roja de Dominica ha establecido sistemas de purificación de agua para proporcionar agua potable a las comunidades. Keisha, de cinco años, vuelve a menudo para llenar su botella.

La Cruz Roja de Dominica también ha estado ayudando a las personas a conectarse con sus seres queridos a través de teléfonos satelitales, ya que las redes de comunicaciones han estado caídas en toda la isla. Ethelina «Angel» Harris, de 51 años, abraza fuertemente a su hija menor Abigail, de 15 años, en Marigot, Dominica. Acaban de intentar comunicarse con su hija Berthlyn, de 31 años, que trabaja en los Estados Unidos. «Quería decirle cuánto la amo, que no se preocupe por mí, estoy bien, soy fuerte». Nos quedaremos aquí porque Abigail necesita terminar su escuela».