América Latina y el Caribe constituyen una de las regiones del mundo más propensas a desastres debido a tormentas tropicales y huracanes que devastan con regularidad a comunidades costeras y frecuentemente producen deslizamientos de tierras e inundaciones.

La temporada de huracanes comenzó el primero de junio de 2017 en el Océano Atlántico. Normalmente la influencia de los efectos de “El Niño” produce temporadas de huracanes menos severas, pero según el Centro de Referencia del Clima de Cruz Roja Holandesa, la temporada de huracanes de 2017 podría ser normal.

El Niño se caracteriza por una temperatura del agua oceánica más cálida de lo normal en el Océano Pacífico cerca del ecuador. Típicamente El Niño suele provocar episodios de fuertes vientos del oeste en el Atlántico tropical, que inhiben el desarrollo de tormentas.

Sin embargo, los pronósticos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, conocido como NOAA por sus siglas en inglés, pronostica de entre 11 y 17 tormentas, y un total de entre 5 y 9 huracanes, de los cuales entre 2 y 4 podrían alcanzar categorías 3,4, y 5 en la escala Saffir Simpson. Este 2017 se espera que la mayor incidencia de tormentas y huracanes esté hacia el mes de septiembre.

Un huracán de categoría mayor o importante es uno que alcanza el número 3 o lo supera en la escala Saffir-Simpson. La escala de viento de Saffir-Simpson, de valoración 1 al 5, estima el potencial de daño a la propiedad. Los huracanes que alcanzan la categoría 3 o superior se consideran grandes huracanes debido a su potencial de pérdida significativa de vidas y daños materiales.

Walter Cotte, Director para América de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) señaló, “tenemos que estar preparados, los pronósticos nos permiten planificar y visualizar los recursos que podríamos necesitar en caso de un evento. Sin embargo, aquí los más importante es asegurarnos que las comunidades están preparadas y tienes las capacidades necesarias para ser los primeros respondientes en caso de una emergencia. El enfoque de la FICR es primero local para luego pasar al nivel nacional y regional, sólo así se construye una verdadera resiliencia que se transforma en un desarrollo humano sostenible”.

Recuento de la temporada 2016

El año pasado, la temporada de huracanes del Atlántico presentó una combinación de huracanes destructivos y rarezas climatológicas en una temporada que se extendió desde enero hasta finales de noviembre. Quince tormentas y siete huracanes se formaron en la Cuenca Atlántica en 2016, la mayor cantidad desde la temporada 2012. De acuerdo a las estadísticas del Dr. Phil Klotzbach, científico tropical especialista en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado, 2016 fue la temporada más activa en la cuenca del Atlántico desde 2010.

El Huracán Matthew fue considerado el más catastrófico de la temporada 2016. Matthew tocó tierra en Haití en la península de Tiburón occidental cerca de la ciudad de Les Anglais el 4 de octubre de 2016, como un huracán de categoría 4, fenómeno que no ocurría desde el huracán Cleo en 1964. Matthew se fortaleció hasta alcanzar la categoría 5 a finales del 30 de septiembre 2016, convirtiéndose en el primer huracán de categoría 5 de la Cuenca Atlántica desde Felix a principios de septiembre de 2007.

Matthew está considerado la mayor emergencia humanitaria en Haití desde el terremoto de 2010. Al menos el 20% del territorio se vio afectado y los peores impactos reportados se encontraron localizados en los departamentos del sur, principalmente en los departamentos Grande-Anse y Sud, así como en los de Nippes, Sud-Est, Ouest y Nord Ouest.

Por su parte, el Huracán Earl terminó un lapso de casi cuatro años sin que se registraran huracanes en el oeste del Mar Caribe. Earl tocó tierra en Belice el 04 de agosto 2016 como un huracán categoría 1. Sin embargo, fue después de que Earl tocara tierra por segunda vez como una tormenta tropical cerca de Veracruz, México, a finales del 5 de agosto que la tormenta produciría sus impactos más devastadores. Al menos 45 personas murieron en México por las fuertes lluvias que provocaron deslizamientos de tierra. Earl fue el segundo huracán más mortal del Atlántico de 2016, después de Matthew.

El tercer huracán importante de la temporada 2016 fue el huracán Otto que llegó a tierra firme en el sureste de Nicaragua el 24 de noviembre, como un huracán de Categoría 3. Otto se formó frente a la costa atlántica de Panamá e hizo una rara travesía desde el Mar Caribe hasta el Océano Pacífico oriental como un ciclón tropical.

Cruz Roja ante la temporada de huracanes

Durante la temporada de Huracanes 2016 la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en América apoyó a la Cruz Roja local en 6 países para brindar asistencia a 161.820 personas.

En total en 2016, se utilizaron 936.754 Francos suizos del Fondo de Reserva para el Socorro en caso de Desastres y se emitieron llamamientos de ayuda internacional por valor de 26.094.551 Francos suizos.

Para la temporada de Huracanes 2017 el Departamento de Desastres y Crisis de la FICR, con sede en Panamá, se mantiene en permanente monitoreo tanto de las agencias especializadas de seguimiento a huracanes como a las Sociedades Nacionales de la región. Este departamento posee la capacidad necesaria para responder con rapidez a las necesidades de emergencia de alrededor de 50.000 familias (aproximadamente 250.000 personas) si en este momento ocurriera un desastre.

Por otra parte, la FICR puede liberar con rapidez fondos de su Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre (DREF, por sus siglas en inglés), lo que permite a las Sociedades de la Cruz Roja adquirir rápidamente los artículos de socorro.

En estos momentos se cuenta con un total de 208 miembros del Equipo Regional de Intervención (RIT por sus siglas en inglés) de 34 Sociedades Nacionales de la región, que pueden ser desplegados de acuerdo a las necesitades que se presenten en la emergencia.

Por los momentos, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja del Caribe, Centro y Norteamérica se encuentran en permanente monitoreo y difundiendo mensajes de preparación para promover acciones de preparación a nivel comunitario que permitan en principio dos cosas, disminuir el impacto del fenómeno cuando ocurra y preparar las comunidades para que sean los primeros respondientes en caso de una emergencia, sólo así se garantizará un respuesta efectiva y la disminución de las pérdidas humanas y materiales.