Doney Cliram conoce bien los efectos de la erosión marina y las inundaciones costeras. Ha visto cómo el mar se devora la tierra, dejando su casa cada vez más cerca de la playa en Telescope, donde nació hace 34 años.

Cuenta que en los días de intensa lluvia, el agua burla los rompeolas y cubre la distancia que normalmente separa su vivienda de la orilla del mar.

Cliram comprende que la destrucción de los manglares amenaza su propiedad y podría poner en peligro su vida. Pero lejos de quedarse con los brazos cruzados, ha colaborado en la siembra y protección de plantas en los terrenos que quedan frente a su propiedad.

“Los manglares nos protegen. Por eso he sembrado cientos de ellos aquí enfrente, porque es lo único que puede detener que sigamos perdiendo la playa. De lo contrario, tarde o temprano, tendremos que irnos de aquí”, dice Cliram mientras mira fijamente hacia el mar.

Granada fue habitada originalmente por grupos de la etnia Caribe, quienes comprendieron los enormes riesgos de las costas y construyeron sus viviendas alzadas sobre el nivel del mar. Siglos después, el conocimiento ancestral de los caribes sigue vivo y los granadinos elevan sus casas con columnas de concreto o madera para mantenerse a salvo de las mareas.

 

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Cliram sabe que su propiedad es la más vulnerable en caso de una inundación por su proximidad a la línea costera. “Mi casa fue la última en ser construida en esta calle y será la primera que se lleve el mar, por eso tengo que defender los manglares”.

Cliram relató que para ver crecer un mangle hace falta mucho más que buenas intenciones. La fuerza de las olas cuando sube la marea levanta las raíces de los plantones, los chivos se alimentan de sus tiernas hojas y los habitantes más humildes del área usan sus ramas como combustible para cocinar. “Mis amigos y yo estamos vigilantes y velamos para que nada las destruya. Pero es una lucha constante”.

Aunque su madre era trinitaria y sus dos hijos viven en Estados Unidos, Cliram no imagina su vida en otro lugar. Recorre a diario 25 kilómetros las zigzagueantes carreteras que comunican Telescope con St. George, la capital de Granada, para trabajar como conductor de una empresa trasnacional. A pesar de que el trayecto tarda al menos 45 minutos de ida y otro tanto de vuelta por la montañosa geografía insular, nunca ha contemplado mudarse a la ciudad.

En sus ratos libres Cliram se dedica al mantenimiento de la playa de arena oscura que todavía no ha erosionado el mar. “Construí este quiosco para que los visitantes puedan cambiarse con tranquilidad. También trato de mantener la arena limpia. Al menos unas 50 personas vienen los domingos. Es una playa hermosa y quisiera que todos pudieran disfrutarla”. Los pescadores recogen sus embarcaciones y no salen a faenar cuando hay amenaza de tormenta.

 

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A los temporadistas advierte que la costa este de Granada es hermosa pero puede ser traicionera. “Las resacas son muy fuertes. Esa misma marea que golpea la arena y nos quita las playas también nos ha quitado vidas. Hace 4 años un amigo se metió al agua con el mar embravecido y nunca más lo vimos”.

Cliram reconoció que durante su adolescencia no le interesaba la cultura ni al ambiente de su país. “Cuando eres joven no prestas demasiada atención a las cosas. Pero cuando creces comienzas a comprender la vida y el valor de lo que te rodea. Nuestros abuelos hablaban patuá y nuestros padres lo olvidaron. Ahora todo lo tenemos que aprender solos de nuevo”.

Pero Cliram no pudiera llevar adelante su misión de recuperación de los manglares de Telescope sin apoyo. Recibe las pequeñas plantas de mangle de voluntarios del Grenada Fund for Conservation, quienes trabajan en alianza con la Cruz Roja de Grenada y The Nature Conservancy en At the Water’s Edge, un proyecto de resiliencia comunitaria para frenar los efectos del cambio climático en la Bahía de Grenville, que se extiende desde Telescope por la costa oriental de la isla hasta la comunidad de Marquis.

 

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La iniciativa, forma parte del Proyecto Comunidades Caribeñas Organizadas y Preparadas para las Emergencias (CCOPE) según sus siglas en inglés, que es respaldado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y la Comisión Europea.

La primera meta del proyecto At the Water’s Edge es motivar a personas como Cliram, y a muchos otros vecinos de Telescope, Grenville, Soubise y Marquis, a que participen en la protección del ambiente como parte de un extenso plan de resiliencia comunitaria ante los desastres.