Carmin John y su familia decoraban su casa con motivos navideños cuando una fuerte corriente de agua entró en su vivienda de South Rivers la noche del 24 de diciembre de 2013.

Para Carmin no era extraño escuchar la lluvia caer durante horas en esta población del oriente de San Vicente, donde abundan los sembradíos de bananas y arruruz gracias a la irrigación constante del río Colonarie, que nace en la montaña y se escurre por el fértil valle hasta el Mar Caribe.

Lo que nunca imaginó es que la tormenta arrojaría unos 300 mm de precipitaciones sobre la empapada isla, que estaba por culminar su temporada lluviosa. La sinuosa geografía volcánica de San Vicente, que acentúa la belleza y fertilidad de sus tierras, también intensifica los peligros. Los aluviones de aquella noche nacieron montaña arriba y cuando Carmin y los vecinos de South Rivers advirtieron su presencia, la fuerza de las aguas era indetenible.

Carmin se apresuró a evacuar a su hija de 7 años, sus tres sobrinos y su madre hacia un refugio seguro, pero el agua le alcanzó los hombros cuando regresó a buscar sus documentos y alguna ropa.

Con la ayuda de vecinos, la mujer de 34 años rompió con mandarrias las paredes de las habitaciones traseras para permitir que el caudal siguiera su paso y así evitar que el colapso de la vivienda. Para ese momento, Carmin había perdido todas sus pertenencias.

“Creo que se salvaron muchas vidas porque la luz no se fue de inmediato y pudimos ver hacia dónde íbamos,” recuerda Carmin sobre los momentos confusos en los que socorrió a su familia.

Las inundaciones no sólo destruyeron decenas de viviendas sino que también causaron serios problemas sanitarios. “No había agua potable por las tuberías, los tanques sépticos de desbordaron y el olor a podrido duró semanas,” relató Carmin.

Los habitantes de South Rivers caminaban río arriba para tomar agua, lavar y bañarse durante las semanas posteriores a las inundaciones. Pero cuando llegó la ayuda del gobierno de San Vicente y las agencias humanitarias, muchos siguieron usando el río detrás de sus casas para sus actividades cotidianas como cepillarse los dientes o cocinar. “A la gente no le gusta usar el agua tibia que viene de las tuberías. Todavía prefieren el agua fresca del río,” dijo Carmin.

La tormenta, que dejó un saldo de 13 muertos y cinco desaparecidos, también destruyó los cultivos y mató a los animales de cría que sustentaban la economía del área. “Perdimos todas nuestras gallinas. El río también se llevó las vacas, cabras y chivos de los vecinos.”

Carmin conoce South Rivers como la palma de su mano, por eso ha colaborado en el mapa local de riesgos que ayudará a la Cruz Roja de San Vicente y las Granadinas (CRSVG) y a las instituciones del gobierno a fortalecer el Proyecto de Reducción de Riesgos de Inundaciones que forma parte del proyecto Comunidades Caribeñas Organizadas y Preparadas para Emergencias (CCOPE, según sus siglas en inglés). Piensa que todavía hay mucho por hacer para que South Rivers sea un lugar seguro para sus habitantes.

“Por ejemplo, uno de los centros de evacuación es la escuela, que está demasiado cerca del río. La escuela debería ser reubicada porque los niños juegan en un patio que termina justo en el agua. En cualquier momento puede ocurrir un desastre.”

El 29 de septiembre de 2016, un adolescente murió y unas 300 personas tuvieron que evacuar sus viviendas durante el paso por San Vicente de la tormenta tropical que luego se convirtió en el huracán Matthew.

Aunque la familia de Carmin no resultó afectada, ella está decidida a mudarse a una comunidad menos expuesta a las inundaciones y deslaves. “Ahora lo más importante para mí es la seguridad de mi familia.”

Carmin quiere borrar el miedo y la indefensión que sintió hace tres años y por eso participa activamente en las actividades promovidas por la Cruz Roja en su comunidad.

Se siente feliz de ayudar y compartir los conocimientos que ha adquirido en los entrenamientos de gestión de riesgos. “Amo a la gente. Siempre estoy metida en las actividades de la escuela y de la comunidad. Me gusta ayudar y sentirme útil,” aseguró mientras compartía con otros voluntarios de la Cruz Roja en su comunidad.